Menuda empanada

La de la foto y la que tienen algunos. Realmente me gustaría hablar de la empanada de la foto, pero la razón de esta entrada no la encontré mientras nos merendábamos, unos amigos y yo,  plácida y animosamente ésta y otras viandas que podéis ver quienes os atreváis a hacer clic en este interesantísimo post.

empanada tipiquísima

La luz se hizo ayer por la noche, cuando volviendo a casa  desde el puritito centro de Madrid hasta donde llegamos andando (unas dos horas de camino a paso ligero) y desde donde volvimos andado (otras dos horas de camino, éstas ya al paso alegre y desinhibido que te proporciona el disfrute de unos cuantos vinillos en una de las tascas más chulas de Madrid, cuyo nombre algún día revelaré).

Y también cayeron estas empanadillas que es más de lo mismo pero con otra forma y otro relleno.

Pues bien, la revelación tuvo lugar en la calle Claudio Coello. ¿Os habéis parado alguna vez a mirar los escaparates de esta calle? en la que, por cierto, al igual que en gran parte de esa y otras zona de Madrid, en prácticamente cada portal te encuentras carteles que anuncian pisos en venta, en alquiler o disponibles (que no sé muy bien que es lo quiere decir esto, igual es que te lo regalan. Voy a ver si pregunto algún día, que siempre se me olvida).

Ya me voy por las ramas, como siempre, bueno, pues yo diría que lo más característico de la calle Claudio Coello son sus tiendas de ropa y calzado. Y aquí viene el símil con la empanada, eso sí, metido con calzador. No he visto jamás un feísmo mayor a unos precios más desorbitados. Realmente no he visto jamás unos precios más desorbitados, porque lo del feísmo es cuestión de gustos y ahí no debo meterme, para unos productos más horribles (lo siento, es que no consigo ser políticamente correcta).

Viendo esto no puedo dejar de pensar que me estoy perdiendo algo realmente importante. ¿Quiénes son los clientes? ¿Qué satisfacción produce gastarte 900 euros en un bolso o 1.500 en un abrigo que parece oler a naftalina? ¿Qué es el lujo? ¿Es esto el lujo? ¿Sufren mucho los amantes del lujo o son muy felices? ¿Les gustarán mis empanadas a los amantes del lujo? ¿Y comerse un bocadillo tirados en un prado?

Otro mundo, otra realidad. Casi todas las ciudades que se precien tienen ese otro mundo y esa otra realidad en la que algunos viven y de la que otros somos testigos perplejos, irónicos, curiosos y por qué no, apenados, creo que huelga explicar por qué.

Y dicho esto, y puesto que son casi las cinco de la tarde, me voy a hacer una infusión y a buscar nuevos temas de inspiración. Igual mañana hablo del brazo de gitano, que da mucho de sí y que, por lo que me han dicho, estaba muy rico.

en busca de inspiración

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3 pensamientos en “Menuda empanada

  1. Algo que aprendí en mis años mozos, cuando frecuentaba un gimnasio de gente pija, es que todos, en bolas, estamos hechos de la misma materia: tenemos las mismas necesidades, fragilidades y, por supuesto, caducidad. Quiero decir que si veías entrar al presidente de un banco por la puerta del gimnasio, embutido en un traje hecho a medida, con un peluco de 6000 euros, gafas oscuras, etc., luego, tras el ejercicio, podías coincidir con esa persona en los baños. Y es ahí donde desaparecían todos los disfraces… De manera que la diferencia entre quienes tienen mucho y quienes tienen menos es que los primeros gastan el dinero que les sobra en esas y otras cosas. Gastar o tirar, en este caso, significan lo mismo.
    Como consuelo, valga pensar que tras esos vestidos hay currantes, dueños de locales, maquinaria, fabricantes, socios… Al final puede que la palabra tirar no sea la más apropiada 🙂

    • No, tampoco yo creo que sea tirar el dinero y por supuesto hablo desde el más absoluto respeto. Esto mismo se podría aplicar a tantos asuntos. No se trata de pijos o ricos, de ropa o zapatos. Si me pongo a pensar, podría hablar en un tono parecido si pienso en temas como la cirugía estética, el consumo disparatado de tecnología, aficiones como el tuneado de coches, las mascotas de lujo o tantísimas otros adornos con los que intentamos llenar nuestra vida.
      Pero es que el tema que comentaba en el post me llama mucho más la atención, porque esa ropa y complementos de los que hablo claramente te están diciendo: “No importa cómo te vean los demás, no importa si gustas o no, lo único que importa es que se note que llevas encima un pastón, esto es lo que mola”. Y resulta que hay muchos hombres y mujeres a quienes esto es lo único que les pone, y a mí esto me sorprende ¿Me explico?

      • Sí, pero cómo saber cómo se ven ellos. Uno no llega de repente a esos vestidos… Son una parada en un camino que empezó mucho antes. Realmente, no puedo saber cómo se ven ellos. Probablemente estupendísimos!. Me pasa lo mismo con el botox y la silicona. Para mi es como si te pusieras delante de personas estrelladas, gente que ha sufrido un accidente automovilístico (severo).
        Al final es lo que tú dices: lo importante es que se vea la marca (acaso no la llevan impresa, repetida por todos los centímetros cuadrados, los bolsos más caros y reputados de este país?..) o la cicatriz que te ha dejado el cirujano de moda Ignacio Superapellido.
        Y conforme la sociedad, en conjunto, se vaya empobreciendo más y más, los veremos más y más absurdos, snobs y ajenos a todo lo que se salga del micro círculo en que se mueven.
        Lo que no sé es si podremos seguir ignorándolos, como hemos hecho siempre, o, por el contrario, deberíamos empezar a prestarles más atención. No sé si me entiendes..
        Pero ese brazo de gitano es de una belleza insuperable! 🙂

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