¿Desayunamos?

¿Cómo es posible saltar de la cama, tomarse un café a toda prisa y salir corriendo a toda pastilla hacia el trabajo?. Ni en mis más “madrugadoras” jornadas, me he permitido semejante dislate. De acuerdo, cuesta un gran esfuerzo, pero  salir de casa llevándote un buen desayuno entre pecho y espalda es un asunto muy serio.

a mí café, por favor

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El primer pan de otoño

Ayer tocó jornada panificadora. Estoy pensando en mejorar los medios con los que trabajo porque, cada día que toca amasar, los kilos de harina van en aumento y, hombre, vaya si me atrae lucir unos buenos bíceps, pero más me atrae mantener la espalda erguida cual jirafa (qué bonito me ha quedado).

Esto del pan casero no es tan sencillo, hay que ir tomando notas como si de un ensayo clínico se tratase. No solo calcular pesos, sino también tomar temperaturas, porque las masas son tan sensibles, que en el momento en que ésta cambia, se cabrean como un niño pequeño y hacen lo que les da la gana. Así que no queda más remedio que mimarlas y darles los caprichos que quieran. Que quieres 20 grados, bueeeeno, pues no los hay, por eso hoy te dejo más tiempo para que juegues con las burbujitas, je, je.

Terminó el verano, y con el otoño, nuevas temperaturas y lluvia (¡bien!). No queda otra que adaptarse a los nuevos caprichos. Creo que ayer lo logré. Bienvenido otoño.

Pan blanco de masa madre

 

Os presento a los protagonistas

Señoras, Señores… aquí están, al desnudo, tal cual son. Tan sencillos como geniales. Como casi siempre, unidos, aunque en solitario también tienen mucho que decir.

Les invito a todos ustedes a participar en la elaboración de la biografía más completa y respetuosa de cada uno de ellos.

En la cocina de casa

El pan de todos los días

¡Por fin!. Llevaba muuuchos meses buscando la clave para dar con aquel pan que una vez probé en Bilbao y con el que luego, muchas veces he soñado.

Con el tiempo se me ha desdibujado aquel sabor y aquella textura. Sin embargo, tras casi cuatro meses de búsqueda, creo haber dado con algo parecido. No es un mal logro teniendo en cuenta los métodos rudimentarios de los que dispongo.

Ahora que ya tengo dominados los tiempos y cantidades,  he probado a hacer variantes de este mismo pan.  Aquí os presento dos tipos. El primero lleva pasas y nueces, y debo decir que tuvo bastante éxito entre los incautos que lo probaron, así que repetiré. Pero a mí el que realmente me gusta es el pan sin más, en todas sus variedades: blanco, de centeno, integral o mezcla.

Pan con pasas y nueces